Running y daño cardíaco

Running y daño cardíaco

El fenómeno “running” ha experimentado un crecimiento importante en los últimos años. La necesidad por parte de la población de mejorar su condición física, perder peso, sentirse bien, unido a la facilidad de su práctica y bajo coste son algunas de las principales causas, aunque no las únicas.

Los beneficios que reporta el ejercicio de resistencia a nivel cardiovascular son incuestionables pero si no se realiza un programa de entrenamiento en el que se produzcan las adaptaciones y progresiones adecuadas podemos traspasar la línea que separa lo saludable de lo perjudicial.


Siguiendo una conferencia del profesor, investigador y experto en entrenamiento de alta intensidad, Fernando Martín, voy a exponer lo que podría ser un claro ejemplo de la práctica del running en la actualidad.


Normalmente cuando nos proponemos realizar ejercicio físico solemos calzarnos las zapatillas y salir a correr. Obviamente comenzamos a entrenar por nuestra cuenta siguiendo nuestros propios criterios o basándonos en información extraída de los medios de comunicación, internet, revistas, televisión, etc. A las pocas semanas de entrenamiento decidimos participar en alguna carrera popular y así comprobar nuestros progresos. Tal y como pensábamos la finalizamos con éxito. La satisfacción personal y la motivación nos incita a seguir entrenando para aumentar la distancia, de tal forma que en un período de 2-3 meses nos inscribimos en nuestra primera media maratón, ya sea directamente o habiendo participado previamente en alguna carrera de 12-15-18 kms. El resultado vuelve a ser positivo, hemos conseguido recorrer 21 kms. Obviamente si en 3 meses hemos logrado completar esta distancia, en el doble de tiempo podemos realizar nuestra primera maratón. Dicho y hecho, a los 6 meses de entrenamiento, con esfuerzo y sacrificio alcanzamos nuestro gran objetivo. ¿Y ahora qué? Nos sentimos bien, y esto no ha hecho más que empezar por lo que hay que seguir entrenando y plantearse nuevos retos, la ultraresistencia y el triatlón son las mejores opciones.


¿Qué ocurre entonces? Que tal y como indican multitud de estudios estas personas con poco menos de un año de entrenamiento están experimentando una serie de arritmias y daños cardíacos preocupantes. Esto se debe a que la progresión del entrenamiento no ha sido la adecuada, por lo que este tipo de deportistas (obviamente poco entrenados), han estado corriendo estas pruebas con unas intensidades cardíacas relativamente altas. Esto no significa que el entrenamiento de alta intensidad o HIIT no sea beneficioso, más bien todo lo contrario, pero si bien es cierto que “el HIIT se caracteriza por realizar repetidas series de esfuerzos de corta a larga duración realizadas a alta intensidad e intercalados por períodos de recuperación” (Peña et. Al., 2013), en este tipo de pruebas populares la respuesta cardíaca es bien diferente. ¿Cuáles son esas diferencias? Pues que el HIIT provoca picos en la frecuencia cardíaca (FC) durante su realización, mientras que en las carreras de larga distancia, insisto, en corredores poco o mal entrenados, la FC cardíaca se mantiene elevada en el tiempo, incluso después de haber finalizado la prueba, debido a la alta intensidad que supone para el corredor realizar dicho esfuerzo.


En conclusión y basándonos en las evidencias lo primero y recomendable es que un médico determine nuestro estado de salud y nos indique qué tipo de actividad podemos realizar.


En segundo lugar una programación de entrenamiento adecuada llevada a cabo por un especialista en ejercicio físico puede ayudarnos a conseguir nuestros objetivos sin riesgos y de forma segura.


Por último, si te gusta el running no dejes de practicarlo, pero procura que tu progresión sea la correcta, al fin y al cabo el ejercicio deber ser sinónimo de salud.

 

 

Joaquín Berná, Entrenador Personal.

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